Últimos Artículos

21 febrero 2018

rawpower63

El hombre que ríe / The man who laughs (1928)

El hombre que ríe, una gran película del cine mudo dirigida por Paul Leni

'Una obra maestra del cine mudo'

Producida en el año 1928, El hombre que ríe fue una película auspiciada y financiada por la Universal gracias al hombre fuerte de la misma: Carl Laemmle. Con la mente puesta en superar el gran éxito que había supuesto para la misma productora el film El jorobado de Notre Dame (The hunchback of Notre Dame, 1923), protagonizada por el gran Lon Chaney, Carl decide llevar a la gran pantalla un drama escrito en el año 1869 por Víctor Hugo, el relato de este escritor francés estaba pensado como un crítica y una metáfora contra los abusos de la burguesía y el poder. Sustentado todo el relato en el personaje de Gwynplaine, un hombre con el rostro deformado, con una sonrisa perenne (deformidad creada por orden del rey cuando era niño), la novela representa la lucha continua de un ser aislado dentro de la sociedad, que responde con una sonrisa a cualquier crueldad a la que es sometido, tanto en el plano físico como moral, revelando un alma pura que desea encontrar el amor y la libertad por encima de cualquier otra cosa. El relato, muy fértil en ideas, contiene todos los puntos necesarios para desarrollar un gran film: drama, terror, deformidad física, crítica  social, traiciones…un crisol de elementos que a los ojos de Lammle se podría convertir en otro gran éxito en taquilla.
Olga Blacanova y Brandon Hurts en una secuencia de El hombre que ríe
La gran afluencia de talentos europeos atraídos a la incipiente industria cinematográfica americana, facilitó en gran medida el desarrollo del film. De esta manera Paul Leni, en su tercera película rodada en Hollywood, se convertiría en el director escogido para llevar a la gran pantalla las aventuras y desventuras de Gwynplaine. Leni tenía a sus espaldas un buen bagaje como escenógrafo en su Alemania natal a la par que algunas producciones en calidad de director, entre ellas la perfecta El legado tenebroso (The cat and the cannary, 1927). Leni también sugirió la necesidad de que el personaje central fuera interpretado por Conrad Veidt, con el que había trabajado anteriormente y que había asombrado, y aterrorizado también, en innumerables películas entre las que se pueden destacar El Gabinete del Doctor Caligari(1920), Las manos de Orlac (1924) o El estudiante de Praga (1926). Olga Baclanova (La parada de los monstruos, 1932) y Mary Philbin (El fantasma de la ópera, 1925) completarían el reparto principal. El equipo técnico contó con la habilidad de Jack Pierce en los maquillajes, J. Grubb Alexander como guionista y el montaje definitivo fue realizado por Edward L. Cahn. Para llevar a buen puerto la producción la Universal no reparó en gastos, siendo el presupuesto de cerca de un millón de dólares.
Una pequeña sinopsis servirá para entrar en materia: En la Inglaterra del siglo XVII, el rey Jaime II, ayudado por el maquiavélico bufón Barkilphedro (Brandon Hurts), ha atrapado y condenado a morir en el abrazo mortal de la dama de hierro a Lord Clancharlie, antes de ejecutar la sentencia el rey informa a su víctima de que su hijo ha sido entregado a los temibles “comprachicos”, gitanos que deformaban quirúrgicamente a los niños para explotarlos en las ferias ambulantes. El chico (Gwynplaine) escapa a su destino pero ya ha sido deformado, en su huída, a través de un paraje helado, descubre a una mujer que ha muerto congelada con un bebé en sus brazos. Recoge a la niña y busca refugio en el carromato de Ursus (Cesare Gravina) que los acoge y descubre, aterrorizado, la deformidad del chaval y la ceguera de la pequeña, a la que bautiza con el nombre de Dea (Mary Philbin). Los años han pasado, el espectáculo teatral de Ursus es cada vez más exitoso siendo su estrella Gwynplaine, conocido como el hombre que ríe siendo adorado por el público que asiste al espectáculo. Al llegar a la feria de Southwark, la duquesa Josiana (Olga Baclanova) y hermana de la reina de Inglaterra, asiste a uno de los espectáculos quedando fascinada con el deforme protagonista. Paralelamente el gitano causante de la deformidad lo reconoce y poniéndose en contacto con Barkilphedro lo intenta chantajear, esto le costara la vida, pero el antiguo bufón (ahora tiene una posición importante en la corte) comprende que el protagonista es el heredero verdadero de la fortuna que posee Josiana, por lo que comienza a tender una tela de araña, que cambiará el orden establecido, destrozará la tranquila vida de Gwynplaine y provocará no pocos horrores.
El hombre que ríe 1928, foto cromo publicitario de la época
A grandes rasgos esta es la historia que se nos presenta, un folletín dramático aderezado con variedad de géneros (terror, acción, romance) y vertebrado alrededor de la maquinaria cinematográfica americana de esos años. Así resalta de esta mixtura, la capacidad por parte de Leni de combinar recursos expresionistas (la iluminación principalmente) con un dinamismo y ritmo en la narración no demasiado habituales en el cine mudo, el film exhibe orgulloso una pródiga y perfecta ambientación, una sabia utilización de los decorados, una dirección de actores perfectamente encuadrada, un desarrollado concepto erótico (bastante explícito y carnal), una fijación por hacer creíble todo lo narrado y en algunos momentos, una inventiva e imaginación en los planos digna de los grandes realizadores. Leni no se sustrae tampoco a la imaginería macabra, personalizada principalmente en las insidiosas apariciones del maquiavélico bufón, que siempre surge de entre las sombras como un ave de mal agüero. Este gusto por las imágenes macabras dota al film de una arista acentuada, que permite inscribirlo dentro del género del terror (sin serlo), supongo que intentando aunar diferentes públicos y desarrollar una obra total en sus conceptos e intenciones artísticas.                        
Conrad Veidt realiza una actuación soberbia en El hombre que ríe
El hombre que ríe es considerada, por muchos críticos y fans, una película integrada dentro de la corriente del expresionismo alemán, sin embargo al igual que Nosferatu u otras muchas películas de esa época, su relación estética con esta corriente en bastante más tangencial de lo que pueda parecer en un principio. Es indudable que el director, actores y parte del equipo técnico, forjaron sus carreras a la sombra de esa corriente, pero también es cierto que al desembarcar en la industria americana, tuvieron que adecuar sus procesos de trabajo a un nuevo concepto industrial. Desde luego este choque de ideas fue excelente para el desarrollo del cine, dando a la historia verdaderos hitos cinematográficos, considerados actualmente como referentes ineludibles en multitud de disciplinas artísticas.
Si el elemento técnico y ambiental es una de las bazas de la película, no podemos dejar de mencionar las interpretaciones de todo el plantel de actores, todos ellos convincentes e intensos, es, no obstante, en dos de ellos donde el espectador fija invariablemente su mirada. Por un lado tenemos a Conrad Veidt que crea un Gwynplaine inolvidable, con un abanico de registros brutal, la interpretación es majestuosa, intensa y por momentos verdaderamente terrorífica, obviando la sobreactuación propia del cine mudo, Veidt recrea con aplomo la complejidad del personaje, su sonrisa permanente no oscurece el resto de sentimientos, expresando con sus movimientos corporales y sus expresivos ojos toda una gama de contrastes y situaciones dramáticas. Olga Baclanova en su papel de la duquesa Josiana está soberbia. A pesar de que no tiene una presencia continua en el film, Olga crea un personaje que es la representación de la decadencia de la burguesía en el film: caprichosa, mimada, hiriente e hipócrita, utiliza sin dudar sus encantos de mujer para subyugar y manipular a su conveniencia todo su entorno. Paul Leni se dio cuenta del poderoso hechizo sexual que emanaba de la actriz y no duda un instante en utilizarlo a favor del desarrollo de la narración, consiguiendo imágenes realmente potentes y turbadoras que Olga llenaba con su voluptuosa presencia y su buena interpretación.
El hombre que ríe, cartel original del film
Poco más voy a extenderme sobre esta película, pero antes de finalizar el artículo me gustaría comentar el gran trabajo de Jack Pierce en el maquillaje. Recién incorporado al engranaje de la productora, gracias al apoyo del hijo de Laemmle, el trabajo que desarrolla para esta producción es antológico, su creación para dotar a Gwynplaine de su eterna sonrisa, es cuanto menos novedoso y de una espectacularidad visual asombrosa, no es de extrañar que Pierce a partir de este trabajo se convirtiera en el amo y señor del departamento de maquillaje y que durante un par de décadas deleitara a todos los fans del terror con recreaciones fabulosas de todo tipo de monstruos y deformidades. La sonrisa de Gwynplaine pasó a la historia y aunque es un hecho conocido, no puedo dejar de mencionar que el aspecto visual de este personaje inspiraría, años después, a Bob Kane para su creación del malvado más carismático y enemigo mortal de Batman, conocido como el Joker.
Bueno amigos/as, poco más, quiero recomendar sin reservas el visionado de este clásico del cine mudo. Sin ser una película enclavada totalmente en el cine fantástico o de terror, sino más bien, como ya he comentado, un melodrama que combina diferentes géneros, es indudable que su influencia posterior es notable en muchas películas, siendo una de esas producciones que se convierte con el paso del tiempo en una película, y un director, a reivindicar sin ningún tipo de dudas.
Podéis ver un tributo a Conrad Veidt y a la película en cuestión en nuestro canal de Youtube: El Hombre que Ríe
Un saludo.   

   
Ficha Técnica
Año: 1928 / Director: Paul Leni / Productor: Paul Kohner / Guión: J. Grubb Alexander, May McLean, Marion Ward, Charles E. Whittaker / Fotografía: Gilbert Warrenton / Música: William Axt, Sam Perry, Erno Rappe / Arte: Charles D. Hall, Thomas F. O’Neill, Joseph C. Wright / Maquillaje: Jack Pierce / País: USA / Duración: 110m. / Formato: 35mm  / Proporción: 1.20: 1 / B/N, Muda
Ficha Artística
Conrad Veidt, Olga Baclanova, Mary Philbin, Julius Molnar Jr., Brandon Hurts, Cesare Gravina, Stuart Holmes, Sam de Grasse, George Siegmann, Josephine Crowell, Charles Puffy. Sin acreditar: Henry A. Barrows, Richard Bartlett, Les Bates, Charles Brinley, Allan Cavan, D’Arcy Corrigan, Carmen Costello, Carrie Daumery, Howard Davies, Nick de Ruiz, Louise Emmons, J.C. Fowler, John George, Jack A. Goodrich, Charles Hancock, Lila LaPon, Torben Meyer, Joe Murphy, Edgar Norton, Frank Puglia, Al Stewart    



Anterior>
« Prev Post
Siguiente Artículo
Next Post »